Las pastillas son el bloque de fricción que la pinza aprieta contra el rotor, y hay dos compuestos. Las de resina (orgánicas) son blandas: muy buena mordida en frío, silenciosas y suaves, pero aguantan menos calor y duran menos. Las sinterizadas (metálicas) son de partículas de metal prensadas: aguantan mucho calor sin perder freno (fade), duran más y rinden en mojado/barro, pero son más ruidosas y desgastan más el rotor. Algunos rotores económicos solo admiten resina («Resin Pads Only»).
Es la decisión de freno más frecuente del taller: ¿resina o sinterizada? Depende de tu uso, y meter la pata tiene consecuencias.
La resina ofrece una mordida progresiva y silenciosa, ideal para ruta y XC, pero en descensos largos puede cristalizar y perder potencia (fade). La sinterizada necesita algo de calor para dar su mejor mordida, suena más, pero resiste el calor extremo y el agua abrasiva: la elección para enduro y descenso. Ambas exigen un proceso de asentamiento (bedding-in) al estrenarse.
La pastilla debe coincidir con la forma exacta de tu modelo de pinza. La resina sirve en cualquier rotor; las sinterizadas exigen rotores de acero endurecido (no las pongas en rotores marcados «Resin Pads Only», los surcan). Al cambiar de compuesto sobre un rotor usado, lija la pista para quitar residuos del anterior y evitar ruidos.
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Depende: resina para ruta/XC (silenciosa, mordida en frío); sinterizada para enduro/descenso y mojado (aguanta calor, dura más). No hay una «mejor» universal.
Necesitan asentarse (bedding-in): varias frenadas progresivas para transferir una capa de material al rotor. Antes de eso frenan poco.
Sí, pero lija bien la pista del rotor para quitar residuos del compuesto anterior; si no, hará ruido. Y revisa que el rotor admita el nuevo compuesto.